Janis Soto, ubica a los Niños Dios en una de las “mesas de cirugía” como ella les llama. Son dos tableros situados en la vereda de su casa que sirven para colocar todos los “pacientes que llegan”. Janis es la esposa de Nicolás Vega, el curador de Niños Dios.
Él usa su mano como superficie para mezclar el yeso y untárselo a la mano donde faltan dedos del niño Dios de 45 cm, que tiene apoyado en sus piernas. Así hace parte del trabajo de retoque que realiza con las imágenes religiosas que llegan hasta su casa.
Las heridas más comunes son quebraduras en los dedos de las manos, pies y en la nariz, además de raspones. Monserrat Ponce, entrega a su Niño Dios que hace un año trató de ubicar en el árbol de Navidad, por accidente se le cayó y se partió la cabeza y una de las manos.
No sabía dónde hacerlo arreglar. Un día pasó por la avenida Tsáchila de Santo Domingo y vio a Nicolás junto a su familia reparando varias imágenes religiosas. Se acercó a preguntar y decidió llevar a su “bebé”.
Mientras Nicolás, concentrado, cuidadosamente forma los dedos de las manos del niño Dios que está arreglando, su esposa Janis, recibe al niño Dios de Ponce, también con mucho cuidado porque asegura son muy delicados, como los niños humanos. Lo revisa, le dice a su esposo lo que hay que arreglar y entre los dos deciden que repararlo costará USD 10 y estará listo en 4 días. La demora y el precio varía según el tamaño y los daños que tenga la imagen.
A Ponce le parece adecuado el valor y después de obtener el recibo con el que retirará a su “niño” se va esperando que no se demore más de la cuenta.
Los devotos católicos llevan sus imágenes religiosas a restaurar. Puede ser que tengan daños o que simplemente sus dueños deseen retocarlas, como es el caso de María Zambrano.
Ella asegura que a su niño Dios no le ocurrió ningún accidente pero sabe que con el paso del tiempo se pueden dañar especialmente los dedos y la cara además de que se desgasta la pintura.
Nicolás es quiteño, por cuestiones de trabajo viajó a Santo Domingo en 1987. En 1993 emprendió su negocio, recuerda que lo que más trabajo le costó fue reparar su primer niño Dios porque no podía reconstruir los dedos y la nariz de la imagen, se demoró 8 días para lograrlo. Las próximas veces la tarea era menos compleja.
Hace 15 años, Patricia, Juan, María Elena y César Vega, los hijos de Nicolás y Janis, empezaron a practicar el negocio de sus padres. Su primer aprendizaje fue desde pequeños, mediante la observación. Al ver lo que su padre hacía sintieron curiosidad y cada uno al cumplir la mayoría de edad perfeccionó su técnica. Ahora todos ayudan a reconstruir imágenes religiosas.
César Vega asegura que las mujeres tienen más tino al momento de dibujar los ojos y las cejas de las imágenes. Riendo asegura que se debe a que ellas se maquillan.
Obtener el color exacto para la imagen no es fácil, porque necesitan usar la cantidad justa de pintura. María Elena Vega, según sus hermanos, es la experta en la mezcla de colores. “Muchos clientes quieren que su niño Dios quede del mismo color porque sino creen que se lo hemos cambiado así que debemos tener cuidado con eso”, asegura.
Mientras observa a sus hijos en la otra “mesa de cirugía”, Janis Sosa guarda a los niños Dios en el “cuarto de reposo” asegura que es una bendición que sus hijos se lleven bien y se interesen por el oficio, puesto que en sus manos seguirá el negocio familiar de “curar a los niños Dios”.




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